Islam en Andalus

Ahmad Thomson & Muhammad 'Ata'ur-Rahim

Capítulo Dos

( Parte VII )

Los Musulmanes en Andalus

El cuerpo político de los musulmanes se dividía una y otra vez. En los quince años que siguieron a la muerte de Al-Mansur todo el Andalus se había dividido en numerosos pequeños reinos, cada uno con su propio gobernante. Luchaban unos contra otros continuamente, a menudo recurriendo a la ayuda de los cristianos, quienes por supuesto lo hacían encantados:

“... porque, mientras reunían sus fuerzas e invitaban a gentes de tierras lejanas a participar en el ataque, los gobernantes musulmanes del Andalus veían con absoluta despreocupación y hasta quizás con un oculto regocijo, los dominios de sus vecinos y rivales expuestos a la devastación de los cristianos”. (67)

En palabras de Ibn Sa’id, que si bien describen la situación de los musulmanes en Andalus en el siglo once, son aplicables igualmente a la situación de los musulmanes como un todo en el mundo en el siglo veinte:

“De esta manera, separados unos de otros, los musulmanes empezaron a considerarse como miembros de diferentes naciones, y les fue cada día más difícil unirse en la causa común, y debido a sus divisiones, y a su mutua enemistad, así como debido al sórdido interés y extravagante ambición de algunos de sus reyes, los cristianos fueron capaces de atacarlos minuciosamente, y subyugarlos uno tras otro”. (68)

Esos reinos, o taifas como vinieron a ser llamados, los cuales bordeaban directamente con los territorios ocupados por los cristianos trinitarios en el norte de la península Ibérica, habiendo perdido su unidad, fueron obligados a pagar a los cristianos un tributo anual para retener su ‘independencia’. Para poder pagar estos tributos y al mismo tiempo mantener el nivel de riqueza en sus cortes, los gobernantes de estos penosos reinos impusieron pesados impuestos a la población bajo su control. Estos impuestos excedían largamente los límites de la tributación definida por la ley islámica.

Aquellos que lucharon para mantener y restaurar la práctica del Islam en todos sus aspectos, se encontraron luchando no solo contra los cristianos trinitarios, si no también contra los así llamados musulmanes. Era un esfuerzo sin esperanza. Se encontraron atrapados en un proceso de colapso y decadencia que no podía ser detenido. Mientras los musulmanes de Andalus permanecieron unidos en su práctica del Islam, continuaron expandiéndose. Tan pronto como empezaron a abandonar el din del Islam y a dividirse, su número empezó a disminuir y fue posible para los cristianos comenzar la toma del país.

Más aún, como consecuencia de la desafortunada división entre el este y el oeste que había ocurrido dentro de la Ummah del Islam, ninguna ayuda de los musulmanes llegó. Esta desunión en la Ummah fue uno de los factores fundamentales que contribuyó a la posterior eliminación del Islam de Andalus, pues ésta fue una debilidad de la que los cristianos trinitarios tomaron total ventaja. Una vez que los Musulmanes de Andalus estuvieron divididos, los ejércitos de la iglesia trinitaria ganaron pie en el país, y ayudados por los cristianos que vivían en los dominios musulmanes, que habían crecido en número y habían florecido bajo la tolerancia del gobierno musulmán, su toma del país continuó creciendo:

“En prosecución de sus planes, el rey cristiano nunca cesó desde ese momento de hacer incursiones en el país de los musulmanes, a los cuales generalmente encontraba en estado de disensión y discordia interna, y trabajando rápidamente en su propia ruina y destrucción.

De hecho, no solamente los diferentes señores independientes en ese tiempo mantenían incesantes guerras entre ellos, sino que además se servían con no poca frecuencia de las armas de los cristianos para atacar y destruir a sus propios compatriotas y hermanos de religión, prodigando a Alfonso costosos regalos, y dándole tantos tesoros como elegía tener, a fin de conciliar sus buenos deseos, y obtener seguridad para si mismos y ayuda contra sus enemigos.

Los cristianos, percibiendo el estado de corrupción en el que los musulmanes habían caído, se regocijaron extremadamente; ya que, para aquel entonces, muy pocos hombres virtuosos y de principios podían hallarse entre los musulmanes, pues la generalidad de ellos empezaron a beber vino y a cometer toda clase de excesos. Los gobernantes de Andalus no pensaban más que en comprar mujeres cantantes y esclavos, escuchando música y pasando su tiempo en disfrutes y alegrías, gastando los tesoros del estado en su disipación y en frívolos pasatiempos, y oprimiendo a sus súbditos con todo tipo de impuestos y exacciones, a fin de que pudieran enviar costosos presentes a Alfonso, e inducirle a servir sus ambiciosos proyectos.

Las cosas continuaron de esta manera entre los jefes rebeldes de Andalus hasta que la debilidad se apoderó de los conquistadores tanto como de los conquistados, y la bajeza y el vicio atacó del mismo modo a los agresores y a los agredidos. Generales y capitanes nunca más mostraron su habitual valor; los guerreros se volvieron cobardes y viles; la gente del país estaba en la mayor de miseria y pobreza, toda la sociedad estaba corrompida, y el cuerpo del Islam, privado tanto de vida como de alma, se convirtió en un simple cadáver.

Aquellos de entre los gobernantes musulmanes que no se sometieron a Alfonso, consintieron en pagarle un tributo anual, ¡convirtiéndose de esta manera en recaudadores en sus propios dominios de los ingresos del monarca cristiano!. Mientras duró este estado de cosas, nadie se atrevió a oponerse a sus deseos o a desobedecer sus órdenes.

Mientras tanto, los asuntos de los musulmanes fueron administrados por los judíos, que se alimentaron de ellos como el león respecto a un animal indefenso, y que incluso llenaron las oficinas de Wizir, Hajib, y Katib, reservadas antiguamente para los individuos más ilustres del estado: los cristianos iban cada año a Andalus, saqueando y haciendo cautivos, quemando pueblos y devastando el país entero”. (69)

Como en el caso de Teodorico, el rey de los ostrogodos, las atrocidades cometidas por el ejército trinitario cristiano en su avance empujaron a los musulmanes a tomar venganza en la persona de los cristianos dentro de sus reinos. Esto sólo debilitó sus posiciones en el terreno e incrementó la determinación de los cristianos trinitarios de conquistarlos. Represalias trajeron represalias. La intolerancia engendró intolerancia. La venganza estimuló más venganza.

Comenzando con las Cruzadas Borgoñas de 1017, precursoras de las más notorias cruzadas hacia el Este, los trinitarios cristianos empezaron a hacer incursiones significativas en Andalus. La toma de Barbastro en 1064, en la que miles de musulmanes fueron masacrados inmediatamente se hubo levantado un largo asedio al haber ambas partes firmado un tratado de paz para ese levantamiento, sentó un cruel precedente para la reconquista de Andalus por los cristianos trinitarios, ecos de lo cual se pueden encontrar en la más reciente ‘limpieza étnica’ de los musulmanes de la bosnia musulmana por parte de los trinitarios serbios:

“Era una costumbre cristiana invariable, que cuando tomaban una ciudad por la fuerza de las armas, violaban a las hijas en presencia de los padres, y a las esposas a los ojos de sus maridos y sus familias. Pero en la toma de Barbastro los excesos de este tipo cometidos por ellos excedieron toda lo creíble. Nunca antes los musulmanes habían experimentado nada como aquello. En síntesis, tales fueron los crímenes y excesos cometidos por los cristianos en esta ocasión que no hay pluma lo bastante elocuente como para describirlo”. (70)

Bajo el liderazgo de Alfonso VI, cayeron ciudad tras ciudad en las manos de los cristianos trinitarios, y para el 1072 el era el gobernante de León, Castilla y Portugal. Sus actividades culminaron en la captura de Toledo después de siete años de asedio:

“… pues, encontrando su propio poder incrementado por la extinción del Califato, y percibiendo la debilidad y el estado desamparado al que los musulmanes habían sido reducidos por sus propias acciones erróneas, recorrió y saqueó el país entero, y así presionó a Al-Qadir obligándole a rendir su capital, Toledo, en el año 478 AH (1085 EC), con la condición de que debía ayudarle a conseguir la posesión de Valencia, lo cual hizo. ¡No hay poder ni fuerza sino en Allah, el Grande! ¡El Inmenso!” (71)

Después de la capitulación de Toledo, Alfonso VI se proclamó a si mismo ‘Emperador de toda España’, y en muy corto espacio de tiempo estaba exigiendo tributos anuales a prácticamente todos los penosos reinos musulmanes o taifas, como eran llamados.

Toledo, la antigua capital de los Visigodos, se convirtió entonces en gran centro de enseñanza, en el cual muchas obras filosóficas, que habían sido re-descubiertas o escritas en la España musulmana, fueron traducidas al latín y a otras lenguas europeas filtrándose así al resto de Europa. Estas obras estaban basadas mayoritariamente en los filósofos griegos, especialmente Platón y Aristóteles. A causa de esto, el ultimo siglo especialmente ha visto una ofensiva concertada por los ‘eruditos’ cristianos para desacreditar Islam tratando de ‘probar’ que el Islam deriva de las enseñanzas de los antiguos filósofos griegos, y que, por lo tanto, se puede prescindir de ello, ya que de ello se sigue lógicamente que, si eso fuera cierto, no tendría ninguna fuente primaria en si misma.

Sin embargo, el Qur’an, por cierto, ha sobrevivido hasta la actualidad, sin estar contaminado por la interferencia humana, y sabemos demasiado acerca del Profeta Muhammad, que la bendición y la paz de Allah sean con él, incluyendo el hecho de que no podía ni leer ni escribir ni estudió con ningún maestro, como para que sus argumentos sean finalmente convincentes. La verdad es que los musulmanes, basándose firmemente en el Qur’an, dieron nueva vida a la tradición filosófica, cuyos efectos son visibles hasta el día de hoy.

Como ya hemos visto, Al-Qadir había consentido en rendir Toledo a Alfonso VI con la condición de que aquello le ayudaría a conseguir el control de Valencia. El rey cristiano mantuvo su promesa, y Al-Qadir asumió con mucho gusto el indolente gobierno de la ciudad:

“…cuyos habitantes no estaban entonces entrenados para la guerra, y tan poco acostumbrados a la dura vida de un campamento como al manejo de la lanza y la espada. Estaban, por el contrario, inmersos en el placer y la pereza, y no pensaban en nada más que en comer y beber”. (72)

Al-Qadir retuvo su posición como gobernante de Valencia pagando un tributo anual al notorio Cid, que estaba ocupado estableciendo el control cristiano en el este de Andalus mientras Alfonso VI se concentraba en el centro y el oeste del país.

El pequeño reino del Cid en el este de Andalus se había desarrollado en su mayor parte como resultado del exilio del Cid por Alfonso VI. Empezó su exilio actuando como mercenario alquilando sus servicios a algún gobernante musulmán que deseaba conquistar a otro. Los resultados de sus actividades por lo tanto ayudaron a dividir a los musulmanes de Andalus. Con todo, siempre mantuvo su palabra, y no se perdió en placeres sensuales. A este respecto fue más justo que los tiranos a los que ayudaba a derrocar o de los que exigía tributo. De esta manera disfrutaba del respeto envidioso de muchos de los musulmanes que estaban sufriendo bajo sus propios líderes tiranos.

Está claro, sin embargo, que El Cid estaba preparado sólo para administrar justicia mientras permaneció en el poder. Cuando, al final del siglo once, un nuevo aliento del Islam barrió Andalus desde el norte de África con la llegada de los musulmanes conocidos como los Almorávides, o Al-Murabitun, trató muy duramente a todos aquellos que respondieron a este nuevo despertar. La llegada de los Murabitun no solo unió al Cid con Alfonso VI una vez más, sino que también descubrió la verdadera naturaleza de su actividad, la cual, una vez desposeída de su glamour, implicaba la eliminación del din del Islam, y la institución, en su lugar, de la religión del catolicismo romano. Sin duda, fue el éxito de los cristianos trinitarios en esta empresa, su proyecto principal, lo que hizo que los musulmanes de Andalus se uniesen una vez más, y buscaran la ayuda de sus hermanos musulmanes al otro lado del Estrecho de Gibraltar, en el norte de África.