


Capítulo UnoLos Nazarenos y los Cristianos
Jesús, la paz sea con él, empezó su misión cuando tenía treinta años. Esta no duró mas que tres años. Tras él dejó doce apóstoles, sesenta discípulos y numerosos seguidores en el área rural de Judea. Estos pueblos, o los Am Al- Arez, como se les llamaba, constituían la mayoría de la población. Atraídos por la sabiduría y los milagros de Jesús, se reunieron a su alrededor y le siguieron. Reconocieron la luz que re-iluminó la enseñanza que Moisés había traído con anterioridad y que Jesús había venido a esclarecer y revivificar: La misión de Jesús consistía solamente en establecer la adoración del Creador en la manera en la que Él lo había ordenado. Jesús y sus seguidores estaban preparados para luchar contra cualquiera que intentara impedirles vivir como su Señor quería que lo hicieran. (1) Muchos de los sacerdotes del templo usaban su posición como un medio para conseguir riqueza y reputación. A ellos no les hacía ninguna gracia ni las agudas observaciones de Jesús que revelaban su hipocresía ni la popularidad que Jesús había adquirido entre la gente común y que amenazaba su estatus. Los Romanos que gobernaban Judea veían el surgimiento de este nuevo líder con creciente recelo, temiendo que ello pudiera resultar en otra revuelta de los Judíos. Ya habian tenido bastantes problemas con los Esenios, los habitantes de las cuevas en las cercanías del Mar Muerto. Este grupo de la comunidad judía se negaba a aceptar las costumbres y las leyes romanas cuando entraban en conflicto con las enseñanzas de Moisés. Estaban dedicados a mantener la pureza de su modo de vida y a liberar Judea de la ocupación extranjera. Junto con sus oraciones diarias y el estudio de las Escrituras, muchos de ellos practicaban las artes marciales. Los miembros de estas fuerzas de lucha eran llamados zelotes (los defensores). Es probable que Jesús pasara gran parte de su niñez entre los esenios, no sólo en el Mar Muerto, sino también cerca de Alejandría, donde tenían otra colonia. Posteriormente, muchos de ellos les seguirían. Esto molestaba a los sacerdotes aun más. Así pues, los gobernadores romanos y los corruptos sacerdotes del templo hallaron un interés común en contra de Jesús y sus seguidores. Fue la conspiración urdida entre ellos la que culminó en la desaparición de Jesús y la crucifixión de otro hombre , probablemente Judas Iscariote, a fin de "Que él pueda sufrir esa horrible muerte para la que había vendido a otro ". (2) La creencia errónea, tan ardientemente adoptada por Pablo de Tarso, de que el crucificado fue Jesús, fue una de las primeras causas del cisma de la Iglesia en sus inicios: Aquellos discípulos que no temían a Dios fueron por la noche y robaron el cuerpo de Judas y lo escondieron difundiendo noticias de que Jesús había resucitado; de ahí se generó una gran confusión. El sumo sacerdote entonces ordenó, bajo pena de anatema, que nadie podía hablar de Jesús de Nazaret. Y así comenzó una gran persecución en la que muchos fueron apedreados y otros muchos azotados y otros más fueron desterrados del país, porque no podían mantenerse en paz en lo tocante a este asunto. (3) La persecución de los seguidores de Jesús, no sólo por parte de los romanos, sino también por los judíos que habían rechazado a Jesús, fue otra causa importante de cisma en los primeros tiempos de la Iglesia. Uno de los más entusiastas de los perseguidores judíos era Saúl de Tarso, el "Hebreo de los Hebreos", que después se haría famoso como Pablo. Ejercía su labor con fuerza y eficacia, como él mismo admitía: Ya habéis oído ... cuán encarnizadamente perseguía yo a la Iglesia de Dios y la estaba asolando – y cómo me destacaba en el Judaísmo sobre muchos de mis contemporáneos en mi nación, siendo mucho más celoso de las tradiciones de mis padres. (Gálatas 1:13-15) La persecución por parte de judíos y romanos fortaleció a algunos, pero desanimó a otros. Los seguidores más débiles acomodaron sus creencias y sus acciones para evitarla y, a causa de ello, surgieron contradicciones y disputas entre los seguidores de Jesús. Fue Pablo, de nuevo, quien desempeñó un importante papel en este acomodo que, inevitablemente, empañó la pureza del modo de vida que Jesús había traído. Con dramática brusquedad anunció que había visto a Jesús en una visión y había decidido hacerse seguidor suyo. No obstante, esperó tres años en Arabia y Damasco antes de regresar a Jerusalén e informar a los apóstoles de su milagroso suceso. Ellos eran conocidos ahora como los Nazarenos. Habían sido los más próximos a Jesús cuando estuvo en la tierra y no estaban convencidos de la autenticidad de la conversión de Pablo. Su escepticismo aumentó cuando Pablo, que nunca se había sentado con Jesús, empezó a predicar una doctrina que difería, y a menudo contradecía, lo que ellos habían oído al propio Jesús. Pablo, más tarde, justificaba su posición diciendo: Pero os hago saber, hermanos, que el Evangelio que fue anunciado por Mí no es según hombre. Porque yo ni lo recibí ni me fue enseñado de parte de ningún hombre, sino por revelación de Jesucristo. (Gálatas 1:11-12) Sin embargo, a los Nazarenos debe haberles sido imposible creer que Jesús, habiendo instruido a sus doce apóstoles para que difundieran sus enseñanzas mientras estaba en la tierra, luego les retirara, desde el No-Visto, su autoridad y cambiara su enseñanza original sin informarles y, más aún, por medio de un hombre que nunca le había conocido. Los argumentos de Pablo tenían poco peso para Santiago, jefe de los Nazarenos en Jerusalén. No está claro si Santiago era hijo de María y José o hijo de la hermana de María. Se sabe que era muy próximo a Jesús y, según el Nuevo Testamento, era uno de los apóstoles más activos y de los que hablaban sin temor. Jesús les dio a él y a Juan el nombre de "Boanerges" (Hijos del Trueno). Según Eusebio, pasaba tanto tiempo rezando por su gente que sus rodillas se volvieron tan callosas como las de un camello. Por su sinceridad y honestidad llegó a ser conocido como Santiago el Justo. Se le considera el primer obispo de Jerusalén, si bien este título no se usaba en aquel tiempo. Era una de las personas más respetadas en Jerusalén y se le hicieron muchas peticiones para que refrenara la lengua de Pablo y para que silenciara su nueva doctrina del Cristo. Él fue la figura central en la controversia entre Pablo y los Apóstoles. (4) Probablemente Pablo hubiera sido rechazado completamente por los Nazarenos, que aún recordaban su papel en la persecución que habían sufrido. Fue sólo por la influencia de Bernabé que Pablo fue finalmente aceptado dentro de su comunidad. Quizá Bernabé pensó que Pablo acabaría aceptando su forma de vivir, manteniéndose en compañía de la gente que tanto había aprendido directamente de Jesús. De todas maneras, Pablo, que comprendió que había sido aceptado en el grupo por el apoyo de Bernabé y no por sus propios méritos, no se quedó con ellos sino que regresó a Tarso irritado. Muchos de los seguidores más cercanos a Jesús habían emigrado a Antioquía para escapar de la persecución de los Judíos y de los Romanos. En cierto momento, Bernabé se unió a ellos y llegó a ser el líder de aquella creciente comunidad de nazarenos. Se aferraban firmemente al modelo de vida que Jesús había encarnado. Empezaron a aceptar entre ellos a gente que no era judía. Fue por esta época que empezó a usarse la palabra `cristiano`. Era utilizada como un término de ridiculización e insulto más que de descripción. Se llegó a una situación en la que Bernabé decidió llevar el mensaje de Jesús más lejos. Fue a Tarso y se trajo con él a Pablo hasta Antioquía. De este modo, Pablo se vio, por segunda vez, cara a cara con la gente a la que antes había perseguido. Tuvo la misma fría recepción de parte de los discípulos en Antioquía que ya había tenido por parte de ellos en Jerusalén. Hubo entre ellos una amarga controversia, no sólo acerca de lo que Jesús había enseñado, sino también acerca de a quiénes se les debía enseñar ello. De nuevo, sólo gracias a Bernabé se aceptó a Pablo en el grupo. Finalmente Bernabé y Pablo acompañados por Marcos, hijo de la hermana de Bernabé, marcharon hacia Grecia, en su primer viaje misionero. Para un judío cuyo corazón fuera receptivo, era una cuestión fácil aceptar a Jesús, cuya enseñanza sólo servía para iluminar un modelo de vida con el que ya estaba familiarizado. Para un gentil, a quien las costumbres de los judíos resultaban extrañas, e incluso despreciables, era difícil. Los griegos adoraban a una miríada de dioses. No les importaba incrementar su número, pero se oponían a la afirmación de la Unidad Divina que negaba cualquier otro objeto de adoración. Pronto se hizo evidente que Pablo estaba preparado para acomodar la enseñanza de Jesús a fin de que resultara aceptable para éstos. Bernabé no podía tolerarlo. Está registrado en los Hechos de los Apóstoles 15:39-40 que "La tensión entre ellos fue tan aguda que terminaron por separarse – y así Bernabé se llevó a Marcos y ambos se embarcaron rumbo a Chipre", que era el lugar de nacimiento de Bernabé. Pablo viajó hacia el Occidente con Pedro. Sin la sinceridad de Bernabé o el consejo de aquellos que siguieron a Jesús que pudieran refrenarlo, debió de encontrar poca oposición a las nuevas doctrinas, modos de conducta y comportamiento que había adoptado. Pablo se desvió más y más de las enseñanzas que Jesús había encarnado, poniendo cada vez más énfasis en la figura del Cristo que, según pretendía, se le había aparecido en visiones. Su enseñanza se apoyaba enteramente en una comunicación supranatural y no en el testimonio histórico de un Jesús viviente. Su defensa contra los que le acusaban de cambiar la guía que Jesús había traído, se basaba en que cuanto predicaba tenía su origen en una revelación directa recibida por él de Cristo y que, como tal, tenía Autoridad Divina. En virtud de esta "autoridad" que él reivindicaba, las bendiciones del Evangelio no se limitaban a los judíos, sino que eran para todos aquellos que creían. Más aun, afirmó que los requerimientos de la ley de Moisés no sólo eran innecesarios, sino incluso contrarios a lo que a él le había sido revelado directamente por Dios. De hecho , él decía, refiriéndose en tanto al Deuteronomio 21:23, que ellos eran una maldición: Cristo nos redimió de la maldición de la ley al hacerse maldito por nosotros, porque está escrito: `Maldito todo el que es colgado en un madero`. (Gálatas 3:13) De esta manera, Pablo no sólo se granjeó el enojo de los seguidores de Jesús, sino también el de los judíos, puesto que estaba contradiciendo a sus respectivos profetas y a todos los profetas anteriores a ellos. Es obvio porqué decidió difundir sus enseñanzas entre gente que odiaba a los judíos y que no había oído hablar de Jesús por boca de nadie más. Pablo justificaba su nueva doctrina con el uso de esta analogía : ¿Ignoráis acaso, hermanos (pues hablo con los que conocen la ley), que la ley se enseñorea del hombre entre tanto que éste vive? Porque la mujer casada está ligada por la ley a su esposo mientras vive; pero si su esposo muere, ella está libre de la ley del esposo. Por lo tanto, si ella se une con otro hombre mientras vive su esposo, será llamada adúltera. Pero si su esposo muere, ella es libre de la ley; y si se une con otro esposo, no es adúltera. De manera semejante, hermanos Míos, vosotros también habéis muerto a la ley por medio del cuerpo de Cristo, para que podáis ser unidos con otro, el mismo que resucitó de entre los muertos, a fin de que llevemos fruto para Dios. (Romanos 7:1-4) El uso de esta analogía indica claramente que Pablo hacia una distinción entre Jesús y `el Cristo`. De acuerdo con su razonamiento, la ley que había vinculado a Jesús y a sus seguidores ya no era necesaria porque Jesús había muerto. Ahora ellos ya no estaban 'casados' con Jesús sino con Cristo, que había traído otra ley. Por lo tanto era necesario seguir a Cristo y no a Jesús. De esta manera, cualquiera que persistiera en agarrarse a la enseñanza original de Jesús, se había extraviado. El propio Pablo no tenía un concepto muy claro acerca de sus visiones: Conozco a un hombre en Cristo, que hace catorce años--si en el cuerpo, no lo sé; si fuera del cuerpo, no lo sé; Dios lo sabe-- fue arrebatado hasta el tercer cielo. Y sé respecto a este hombre--si en el cuerpo o fuera del cuerpo, no lo sé; Dios lo sabe-- que fue arrebatado al Paraíso, donde escuchó cosas inefables que al hombre no le es permitido expresar. De aquel hombre me gloriaré ... (II corintos 12:2-5) Por consiguiente, Pablo no sabía si el hombre que se había encontrado estaba "en el cuerpo" o "fuera del cuerpo". Hablaba de "palabras inefables" que no se pueden pronunciar. Parecía que tanto la fuente como el tema de la revelación eran dudosos. Aun así, Pablo pedía a sus seguidores una fe ciega en él y se enojaba con aquellos que seguían a los apóstoles que habían estado con Jesús. Irónicamente, les acusaba de cambiar su evangelio: Estoy asombrado de que tan pronto os estéis apartando del que os llamó por la gracia de Cristo, para ir tras un evangelio diferente. No es que haya otro evangelio, sino que hay algunos que os perturban y quieren pervertir el evangelio de Cristo. Pero aun si nosotros mismos o un ángel del cielo os anunciara un evangelio diferente del que os hemos anunciado, sea anatema. Como ya lo hemos dicho, ahora mismo vuelvo a decir: Si alguien os está anunciando un evangelio contrario al que recibisteis, sea anatema.(Gálatas 1:6-9) Un poco más adelante, en la misma epístola, menciona a Santiago, a Pedro y a Bernabé por sus nombres y dice: Vi que no andaban rectamente según la verdad del evangelio. (Gálatas 2:14) Estos versículos indican claramente la existencia de `otro evangelio`. No hay ninguna mención de que el Inyil, la revelación que Jesús recibió de Dios, haya sido reducida a una forma escrita exactamente como fue revelado. Pablo se refería probablemente a los relatos de testigos presenciales de la vida de Jesús, tales como el Evangelio de Bernabé, que se destruyeron tan despiadadamente tres siglos más tarde, después del concilio de Nicea. Es posible que Pablo creyese sincera y ardientemente en sus acciones. De cualquier modo, su celo desviado era tan perjudicial en su intento de redirigir a los nazarenos, como cuando los había perseguido activamente: Las enseñanzas de Pablo tuvieron mayores consecuencias que él probablemente no pudo prever, y que probablemente se desarrollaron luego de su muerte. Su `evangelio de Cristo` no sólo dio como resultado que se modificara en gran medida lo que Jesús había enseñado, sino que además preparó el camino para cambiar por completo las ideas de la gente acerca de quién era Jesús. El recuerdo de Jesús el hombre estaba siendo gradualmente transformado en una idea en las mentes de la gente. Jesús se convirtió en un concepto y así era susceptible de manipularse. La imagen que Pablo tenía de Cristo, que aparentemente poseía poder para anular lo que Jesús había enseñado con anterioridad, no era la de un mortal ordinario, e inevitablemente fue confundida por muchos con Dios. Así fue como esta figura imaginaria, al mismo tiempo separada de Jesús y conectada con Jesús por Pablo, se convirtió en un objeto de adoración y se confundió a menudo con Dios. Esto llevo a muchos a poner a María en la imposible posición de ser considerada como la 'madre' de Dios. Este cambio de énfasis desde Jesús como Profeta a la nueva imagen de un Cristo que era divino, permitió a los intelectuales de Grecia y Roma asimilar a su propia filosofía lo que Pablo y los que le seguían estaban predicando. Su visión de la existencia era tripartita y con los discursos de los paulinos sobre el ' Dios Padre' y 'El hijo de Dios' sólo se necesitaba colocar el 'Espíritu Santo' (de hecho 'el ángel Gabriel') para tener una Trinidad que se acoplara con las suyas. San Agustín de Hippo, que vivió entre 354 y 430, no estaba del todo satisfecho con esto y envidiaba las libertades de los filósofos Europeos: Los filósofos dicen sus palabras con libertad ... nosotros sin embargo no decimos si hay dos o hay tres principios , dos o tres dioses. (5) La filosofía de Platón se basaba en una distinción triple de la Causa Primera, la Razón o Logos y el Alma o Espíritu del Universo. Gibbon escribe: Su imaginación poética a veces fijaba y a veces animaba estas abstracciones metafísicas; los tres principios originales o arquetípicos estaban representados en el sistema Platónico como tres dioses, unidos entre ellos por una misteriosa e inefable generación; y el Logos era particularmente considerado bajo el carácter más accesible del Hijo de un Padre Eterno y el 'Creador' y 'Gobernador' del mundo. (6) Con el paso del tiempo y la arbitraria identificación de Cristo con el Logos de Platón, las dos imágenes se fundieron en una. Así nació la doctrina de la Trinidad, que se estableció y consideró, a partir de entonces, como el "cristianismo ortodoxo": Los paganos, que habían abrazado el Evangelio, y que eran en cierta medida versados en filosofía, al subrayar esta semejanza de conceptos se convencieron de que, con respecto a estos asuntos, los apóstoles creían las mismas cosas que los Judíos Platónicos y los paganos. Y esto parece ser lo que llevo a varios filósofos de esta secta a la religión Cristiana, y dio tan grande estima por Platón a los Cristianos primitivos. (7) Puesto que cada uno tenía concepciones distintas de lo que significaban los términos platónicos, esto llevó todavía a un cisma mayor entre los cristianos. Gibbon, al escribir sobre los cristianos de los siglos segundo y tercero, dice: El respetable nombre de Platón era usado por los ortodoxos y abusado por los herejes, como soporte común de la verdad y del error. (8) Pablo mismo nunca llegó a predicar la divinidad de Jesús ni la doctrina de la Trinidad. Sin embargo, su forma de expresión y los cambios que hizo cuando se fundieron con las doctrinas platónicas, abrieron la puerta a ambos errores y prepararon el camino para que llegaran a convertirse en las doctrinas oficiales de la Iglesia Católica Romana. Lo que Pablo hizo con las enseñanzas de Jesús, lo hicieron otros con su enseñanza. Este proceso culminó con las doctrinas trinitarias de Atanasio, que fueron aceptadas como cristianismo oficial `ortodoxo` durante el Concilio de Nicea, en el año 325. El credo de Atanasio, que es atribuido a Anastasio pero que fue compuesto alrededor de cien años después de que se formulara el Credo Niceano, ha sido atribuido a los católicos romanos de la Iglesia del norte de África: El padre Quesnel dio lugar a esta opinión, que fue favorablemente recibida. Pero las tres siguientes verdades, por sorprendentes que puedan parecer, son ahora universalmente reconocidas: La primera es que San Anastasio no es el autor del Credo que tan frecuentemente se lee en nuestras iglesias. La segunda es que no parece que el Credo existiera en el primer siglo posterior a su muerte. La tercera es que fue originalmente compuesto en lengua latina y, en consecuencia en las provincias occidentales. Gennadius, patriarca de Constantinopla, se quedó tan sorprendido por esta extraordinaria composición, que expresó con franqueza que esto tenía que ser el trabajo de un borracho. (9) Es significativo que ninguno de los libros del Nuevo Testamento mencione la doctrina de la Trinidad. El único versículo (I Juan 5:7) que afirma la unidad de los tres que dan testimonio en el cielo, se sabe desde hace tiempo que es falso, obra igualmente de los católicos romanos del norte de África. La falsificación fue hecha pública por Sir Isaac Newton, que encontró sin alterar algunos de los manuscritos más antiguos: De todos lo manuscritos ahora existentes, más de ochenta en número, algunos de los cuales tienen más de 1200 años de antigüedad, las copias ortodoxas del Vaticano, de los editores Complutenses de Robert Stephens, se han vuelto invisibles; y los dos manuscritos de Dublín y Berlín no tienen valor suficiente para formar una excepción ... En los siglos XI y XII, las Biblias fueron corregidas por Lanfranc, arzobispo de Canterbury y por Nicholas, un cardenal y bibliotecario de la Iglesia Romana, secundum orthodoxam fidem. A pesar de esta correcciones, el pasaje sigue faltando en veinticinco manuscritos latinos, los más antiguos y auténticos; dos cualidades raramente unidas, excepto en los manuscritos ... Los tres testigos han sido establecidos en nuestros Testamentos Griegos por la prudencia de Erasmo; la franca intolerancia de los editores Complutenses; el fraude tipográfico, o error, de Robert Stephens al introducir un capricho; y la deliberada falsedad o extraña incomprensión, de Theodore Beza. (10) La extensión y consecuencia inevitable de la doctrina de la Trinidad fue la doctrina de la Encarnación, que constituyó la manzana de la discordia de los agitados concilios de Efeso (431) y Caledonia (451). Porque luego de que el Concilio de Nicea aprobase que "Jesús era Dios": ... Los católicos temblaban en el borde de un precipicio, del que era imposible retroceder, en el que era peligroso permanecer y al que era terrible caer; y los múltiples inconvenientes de su creencia eran agravados por el sublime carácter de su teología. No se decidían a proclamar que Dios mismo, la segunda persona de una trinidad igual y consustancial, se había manifestado en la carne; que un ser que se extiende por el universo había sido confinado en el vientre de Maria; que su eterna duración había sido marcada por los días, los meses, y los años de la existencia humana; que el Todopoderoso hubiera sido flagelado y crucificado; que su esencia inmutable había sentido dolor y angustia; que su Omnisciencia no estuviera libre de ignorancia; y que la fuente de vida y eternidad expirara en el Monte Calvario. Estas alarmantes consecuencias eran afirmadas con una simplicidad desvergonzada por Apollinaris, obispo de Laodicea, y una de las luminarias de la iglesia. (11) La confusión que se produjo al defender la doctrina de la Encarnación sólo fue superada por la creencia errónea de que era Jesús el que había sido crucificado. No fue sino hasta el Concilio de Constantinopla (680) cuando se fijó finalmente el credo, que enseña a los católicos de todas las edades que dos voluntades o energías se armonizaron en la persona de Cristo. Así, el catolicismo romano no se estableció en Gran Bretaña, escribe Gibbon, hasta: ... el fin del siglo VII, cuando el credo de la Encarnación, que había sido definido en Roma y Constantinopla, se predicó uniformemente en las lejanas islas de Bretaña e Irlanda; las mismas ideas eran abrigadas, o mejor, las mismas palabras eran repetidas, por todos los cristianos cuya liturgia se celebraba en lengua griega o latina. (12) No es sorprendente que no haya una auténtica mención de la doctrina de la Encarnación en el Nuevo Testamento. El versículo que afirma que "Dios se manifestó en la carne" es, de nuevo, una falsificación: Esta fuerte expresión podría justificarse por el lenguaje de San Pablo (1 Timoteo 3, 16), pero nuestras Biblias modernas nos engañan. La letra `o` (el cual), se cambió por `theos` (Dios), en Constantinopla, a principios del siglo VI: el texto correcto, que es visible en las versiones latina y siria, sigue existiendo tanto en el razonamiento de los padres griegos como en el de los latinos; y este fraude, junto con el de los tres testigos de Juan, lo detectó admirablemente Sir Isaac Newton. (13) La doctrina de la Encarnación está implícita en los primeros versículos del Evangelio de Juan pero, como indica el lapsus de tiempo que fue necesario para la formulación de la doctrina, estos versos son tan ambiguos como la propia doctrina. El evangelio de Juan, escrito aproximadamente medio siglo después de la muerte de Pablo, se consagra a la filosofía platónica. No fue escrito por el apóstol Juan y no es el relato de un testigo presencial de la vida y enseñanzas de Jesús. Es muy diferente de los otros tres evangelios sinópticos que se conservan y, algunas veces, los contradice. Sin embargo, la Iglesia Católica Romana ha pretendido que es la Palabra de Dios divinamente inspirada y, como tal, exenta de cualquier error. Incluso este evangelio no contiene ninguna mención de los términos "Trinidad" o Encarnación", pero la falsa autoridad que concede a la doctrina platónica se ha usado para respaldar las doctrinas de la Trinidad y de la Encarnación, doctrinas que ni Jesús ni el mismo Pablo predicaron jamás. Y mientras tanto, ¿qué sucedió con los nazarenos?. Se componían principalmente de los seguidores de Jesús, la paz sea sobre él y sobre ellos, y estaban entre ellos sus apóstoles y discípulos más cercanos. Tras la desaparición de Jesús ellos atrajeron mucha gente hacia sí. Se formaron dos comunidades, una en Jerusalén, cuyo líder era Santiago y otra en Antioquía, cuyo líder era Bernabé: Para ellos, lo que Jesús había enseñado era la Verdad y toda la Verdad. Bernabé y sus seguidores continuaron predicando y practicando el cristianismo que habían aprendido del propio Jesús. Siguiendo el ejemplo de Jesús, se mantuvieron fieles a las prácticas fundamentales de Moisés que Jesús había conservado: afirmaban la Unidad Divina. Rezaban en la sinagoga a las horas establecidas. Ayunaban como Jesús había ayunado. Todos los años pagaban el diezmo de su riqueza a un fondo común y después lo repartían entre los miembros de su comunidad. Celebraban el Sábado, la Pascua y los días sagrados. Practicaban la circuncisión. Sacrificaban los animales que les estaba permitido comer en el nombre de su Creador, y en la manera en que Moisés y Jesús habían indicado. El modelo entero de su comportamiento estaba en concordancia con el de estos dos Profetas, la paz sea con ellos. Armados con la fuerza de la Ley Mosaica y con la iluminación que Jesús les había dado, adoraban a su Señor del modo que Él les había indicado: `Los primeros quince obispos de Jerusalén`, escribe Gibbon, `fueron todos judíos circuncisos y la congregación que presidían unía la ley de Moisés con la doctrina de Cristo`. (15) Los romanos y los gentiles hacían poca o ninguna distinción entre los Nazarenos y los Judíos. Hubo una persecución general contra los judíos que culminó en la destrucción del templo de Salomón en el año 70 d.J. La mayor parte de la población judía de Jerusalén fue masacrada y muchos de los nazarenos compartieron su suerte. Los que escaparon se asentaron en Pella, una pequeña ciudad al otro lado del Jordán. Cuando más tarde Adriano llegó a ser emperador, fundó una nueva ciudad en el monte Sión que se llamó Aelia Capitolina. Se fijaron los castigos más severos para cualquier judío que osara siquiera aproximarse a ella. Gibbon escribe: Los nazarenos sólo encontraron un camino para librarse de la proscripción. Eligieron a Marcos para que fuera su obispo, un prelado de la raza de los gentiles, probablemente oriundo de Italia o de alguna de las provincias latinas. Por indicación suya, la parte más numerosa de la congregación renunció a la Ley Mosaica, en cuya práctica habían perseverado durante más de un siglo. Por medio de este sacrificio de sus costumbres y privilegios, consiguieron una libre admisión en la colonia de Adriano y cimentaron más firmemente su unión con la Iglesia católica. (16) Los Nazarenos que se negaron a esta componenda fueron condenados por herejes y cismáticos. Algunos se quedaron en Pella, otros se trasladaron a los pueblos que rodean Damasco y, muchos de ellos, se asentaron en Alepo, en el norte de Siria: El nombre de Nazareno era considerado como demasiado honroso para aquellos cristianos de raza judía y pronto recibieron, por la supuesta pobreza de su entendimiento, así como de su condición, el epíteto despectivo de ebionitas (los pobres). (17) En Roma, el modelo de persecución fue el mismo. Fue un grupo de gente conocido como los Galileos, compuesto por Nazarenos y Zelotes, el que Nerón consideró como responsable del gran incendio de Roma y, en consecuencia, castigado por ello. Se esperaba que los nazarenos pagaran los severos impuestos que estaban ordenados exclusivamente para los judíos en Roma: Puesto que un grupo muy numeroso de cristianos, aunque en disminución, seguía fiel a la ley de Moisés, sus esfuerzos por disimular su origen judío era descubierto por la decisiva comprobación de la circuncisión. (18) La persecución de los nazarenos y de quienes posteriormente, pese a ella, siguieron su ejemplo, traen a la memoria los siguientes versículos del evangelio de Juan: Os expulsarán de las sinagogas: llegará la hora en que el que os mate piense que rinde culto a Dios. (Juan 16:2) La primera persecución de los nazarenos tuvo un efecto devastador sobre ellos, pero también los esparció por todo el Imperio Romano. Si bien su número fue inicialmente reducido, la enseñanza de Jesús se hizo accesible a más gente al difundirse por una extensa área. En un principio sólo había una o dos comunidades, mientras que ahora quedaba sembrada la semilla de muchas comunidades. Al intentar destruir a los nazarenos, los perseguidores habían asegurado su supervivencia: Aunque llegó el tiempo en que lo que estas personas conocían por su corazón fue puesto por escrito, aquellos que aun encarnaban las enseñanzas de Jesús, transmitieron mucho de su conocimiento de persona a persona. Su comportamiento era imitado y la doctrina de Jesús era transmitida oralmente. Continuaron afirmando la Unidad Divina. (19) A medida que se distanciaba la proximidad de la vida de Jesús, la gente comenzó a escribir lo que recordaba o había aprendido de su vida y enseñanza. Es posible que cada pequeña comunidad, probablemente centrada alrededor de un discípulo o apóstol determinado, tuviera su propio documento escrito. Se sabe que había muchos documentos de este tipo: Con el tiempo, muchas fuentes escritas distintas de la vida y enseñanza de Jesús, algunas claramente más fiables que otras, aparecieron y fueron usadas. Jesús había hablado en Arameo, un dialecto del árabe, que no solía ser escrito. Los primeros evangelios, por lo tanto, fueron escritos en hebreo. En aquellos primeros días, ninguno de estos documentos era aceptado o rechazado formalmente. Estaba en manos del jefe de cada comunidad cristiana decidir qué libros iban a usar. Dependiendo de quién les había enseñado, cada comunidad o secta acudía a una fuente distinta. Los que seguían el ejemplo de Bernabé, por ejemplo, fueron a una fuente y los que seguían a Pablo se dirigieron a otra. (20) A medida que los seguidores inmediatos de Jesús iban muriendo, sus sucesores fueron escogidos por todos los miembros de la comunidad. Estos líderes se elegían considerando que eran los hombres que mejor podían guiar a la comunidad por su conocimiento y temor de Dios. Como Gibbon hace notar: Ellos no podrían haber poseído, y probablemente hubieran rechazado, el poder y la pompa que rodean ahora la tiara del romano pontífice, o la mitra de un prelado alemán. (21) Eran los siervos de los siervos de Dios. No obstante, con el paso del tiempo esta situación llegó a ser la meta de los que ansiaban el poder. Los presbíteros y obispos, como se les llegó a llamar a los líderes, se implicaron con frecuencia en la política, especialmente después de la institución de los sínodos. La jerarquía de la curia, institución totalmente ajena a la enseñanza de Jesús, empezó a emerger. Los romanos no veían muy favorablemente el surgimiento de la `primera Iglesia`. Intentaban aferrarse a la adoración de sus dioses. En los tres primeros siglos después de la desaparición de Jesús probablemente no siempre distinguían entre los nazarenos y los cristianos paulinos. El término `cristiano` se usaba para describir tanto a los que seguían a Jesús como a los que creían en Cristo. Si un hombre decía que creía en Dios y se negaba a rendir homenaje a los dioses romanos, eso era suficiente para determinar su culpabilidad. Estaba expuesto al encarcelamiento, a la confiscación de sus bienes y con frecuencia a la muerte. Gibbon hace notar respecto a la conducta irregular de los perseguidores que: ... contrariaba todos los principios de los procedimientos judiciales. Admitían el uso de la tortura a fin de obtener, no una confesión, sino una negación del delito que estaban investigando. (22) Los primeros tiempos de la persecución de los `cristianos` culminaron con el edicto hecho público por Diocleciano y Galenio en el año 303. Fue el último y definitivo intento de abolir el `cristianismo` en cualquiera de las formas que hubiera adoptado. Las iglesias fueron confiscadas, los evangelios quemados y todos los `cristianos` quedaron al margen de la protección de la ley. Podían ser perseguidos, pero no se les dejaba defenderse. Cuando el edicto se clavó por primera vez en la puerta de una iglesia, lo arrancó un cristiano que inmediatamente fue quemado vivo a fuego lento. La persecución se dirigió principalmente contra aquellos que eran reconocidos como seguidores de Jesús. Los cristianos paulinos, que no se distinguían por la observancia externa de una guía, comenzaban a penetrar toda la estructura del Imperio: Bajo el dominio de Diocleciano, el palacio, las cortes de justicia e incluso el ejército, ocultaban a multitud de cristianos que intentaban reconciliar los intereses del presente con los de una vida posterior. (23) La religión de Pablo, que no había sido recibida favorablemente en un comienzo, se hizo popular después de la destrucción del Templo de Salomón y de Jerusalén en el año 70 y después de la salvaje represión de la rebelión Bar Koch`eba de los judíos en el año 132. Los seguidores de Pablo no fueron perseguidos tan despiadadamente como los seguidores de Moisés y Jesús. Como ya hemos visto, se halló que la cristiandad paulina era mucho más aceptable para aquellos que no eran judíos de nacimiento. En palabras de Gibbon: Cuando numerosas y opulentas sociedades se establecieron en las grandes ciudades del Imperio, en Antioquía, Alejandría, Efeso, Corinto y Roma, la reverencia que Jerusalén había inspirado a todas las colonias cristianas disminuyó ostensiblemente ... Los nazarenos, que habían establecido los cimientos de la Iglesia, se vieron pronto arrollados por las crecientes multitudes que desde las diferentes religiones politeístas se alistaban bajo el estandarte de Cristo, y los gentiles que, con la aprobación de su peculiar apóstol (Pablo) habían rehusado las ceremonias mosaicas, al final negaron a sus hermanos más escrupulosos la misma tolerancia que al principio humildemente solicitaban para su propia práctica. (24) Así, poco después de que Jesús dejase el mundo se produjo una definitiva y progresiva divergencia entre la gente que le seguía a él y la gente que seguía a Pablo. Las diferencias entre ambos no eran evidentes solamente en el estilo de vida y la creencia, sino que además estaban delineadas geográficamente. Mientras la versión paulina del cristianismo se difundió por Grecia y desde allí por Europa, los seguidores de Jesús y los seguidores de éstos, se extendieron con su conocimiento por el Este y el Sur y, con el tiempo, a través de África del Norte. Como veremos con más detalle más adelante, insh`Allah, sus enseñanzas se difundieron también por el Norte y fueron adoptadas finalmente por los godos. A medida que la Iglesia paulina se fue estableciendo se volvió más hostil hacia los seguidores de Jesús. Llegó a ser una cuestión de duda y controversia si un hombre que reconociera sinceramente a Jesús como el Mesías, pero siguiese practicando la ley de Moisés, podría tener esperanzas de salvación. Los nazarenos y sus sucesores, rechazados por los judíos como apóstatas, eran denunciados como herejes por los cristianos paulinos. Estos se separaron así de los seguidores de Moisés y Jesús: Se alinearon más estrechamente con los dirigentes del Imperio Romano y la persecución, que en un principio se había dirigido contra los que se llamaban a sí mismos cristianos, empezó ahora a caer sobre aquellos que afirmaban la Unidad Divina. (25) Los cristianos paulinos habían amañado las enseñanzas de Jesús hasta tal punto que ya no suponían una amenaza para la estructura de autoridad en la que estaban siendo asimilados. Está claro que expresiones tales como `los primeros cristianos` y `la Iglesia de los primeros tiempos` son inadecuadas. Se han usado tradicionalmente para disimular el hecho de que no había un cuerpo, sino dos: un grupo de gente llamado `los nazarenos`, que creía en Jesús y le seguía y el grupo de gente llamado los `cristianos` que creía en Cristo y seguía a Pablo. La institución que resultó de las enseñanzas de Pablo puede ser convenientemente mencionada como `la Iglesia oficial`, a fin de distinguir este grupo de aquel que siguió las enseñanzas originales y el ejemplo de Jesús, la paz sea con él y con ellos.
NOTAS DEL CAPITULO 1 (1) M. Ata`ur-Rahim and A. Thomson, Jesus Prophet of Islam – Revised edition, p. 35. (2) The Gospel of Barnabas: 217. (3) The Gospel of Barnabas: 218. (4) Cross , The Oxford Dictionary of Christianity, p. 274. (5) Sn. Agustín , De Civitate Dei, 10.23. (6) E. Gibbon, Decline and Fall of the Roman Empire, II, p. 9. (7) Le Clerc, The Apostolic Fathers, p. 84. (8) E. Gibbon, Decline and Fall of the Roman Empire, II, p. 12. (9) Ibid, IV, p. 418. (10) Ibid, IV, p. 418. (11) Ibid, VI, p. 10. (12) Ibid, VI, p. 55. (13) Ibid, VI, p. 10. (14) M. Ata`ur-Rahim and A. Thomson, Jesus Prophet of Islam – Revised edition, p. 73. (15) Gibbon , Decline and Fall of the Roman Empire, II, p. 119. (16) Ibid, II, p. 120. (17) Ibid, II. P. 120. (18) Ibid, II, p. 216. (19) M. Ata`ur-Rahim and A. Thomson, Jesus Prophet of Islam – Revised edition, p. 73. (20) Ibid., p. 74 (21) E. Gibbon, Decline and Fall of the Roman Empire, II, p. 159. (22) Ibid, II, p. 216. (23) Ibid, II, p. 188. (24) Ibid, II, p. 119. (25) M. Ata`ur-Rahim and A. Thomson, Jesus Prophet of Islam – Revised edition, p. 74. |